BIOGRAFÍA DEL AUTOR

En el mundo acelerado, frío e impersonal, repleto de incertidumbres y tensiones en que nos toca vivir, el experto en ciencias políticas y sociales Miguel Arismendi G. aporta una mirada propia, profundamente cuestionadora y crítica de la realidad, de nuestra realidad actual, la de nuestros espacios de vida. Un análisis sin apego a dogma, receta u ortodoxia alguna sobre los temas o asuntos más calientes y/o controvertidos de la actualidad local, nacional e internacional.
Veinte años de experiencia y estudio en el complejo mundo de las políticas públicas y sociales, avalan sus opiniones.

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miércoles, 12 de junio de 2013

¿Era esperable el shock o crisis ocurrida en la USS, sede Osorno?


Lo primero, es señalar con toda rotundidad que SÍ. En esto, no tengo duda alguna. Por lo cual, y en mi caso, no representa sorpresa o novedad alguna. 
Lo explico de la siguiente manera.

Como es “archisabido” por casi todos los ciudadanos de este país, en su conjunto el sistema educacional chileno está gobernado por políticas de mercado mercantilistas (racionalidad económica, de la eficiencia y la eficacia en los rendimientos económicos).
El hecho normativo nos señala la existencia y predominio de políticas institucionalizadas de mercado en este sector - el interés público va por detrás del interés privado o económico -, situándolo bajo el poder y control de “la ley de los mercados”: compra y venta o la demanda y la oferta de bienes y servicios”.
Tales leyes, sus lógicas y dinámica cultural-social que han envuelto a nuestra sociedad, fueron suscritas (o impuestas) mediante un “contrato social” por todos y cada uno de los chilenos allá por los años ´80, en pleno régimen dictatorial. Este hecho social admitió que gobernantes y gobernados se comporten social y políticamente de la manera en que lo hemos venido haciendo durante los últimos 22 años: “de forma complaciente, ciudadanossobrerrepresentados por los agentes del bipartidismo, ciudadanos-clientes,ciudadanos-consumidores de (erráticas e irresponsables) políticas y políticos, ciudadanos muy acomodados en el modelo y que mediante "el voto" han dejado en manos de otros las grandes decisiones de país”. Ese contrato social, suscrito como sociedad e individuos, marcó y legitimó a fuego el inicio y posterior desarrollo del modelo neoliberal o de la economía del libre mercado en Chile. Lo conocido hasta hoy en día, y los (inconvenientes) resultados políticos, en su estado puro.
En esta nueva arquitectura institucional o reglas del juego, al Estado se le asignó por función la administración “gerencial” de los asuntos públicos a fin de velar por los intereses corporativistas de los grupos de interés económico y político. Dicho de otra forma, asegurando condiciones suficientes para la acumulación y concentración de riqueza y poder con todas las garantías estatales posibles: los sucesivos gobiernos democráticos flexibilizaron las condiciones laborales, acentuaron la pérdida de derechos sociales en la ciudadanía, dieron respuestas en una carrera a la baja a la pobreza, ladesigualdad y la exclusión social mediante el artilugio demagógico de los Bonos y Subsidios a destajo, fomentaron y sustentaron su piso político-partidista en el clientelismo político y el asistencialismo, aceleraron los procesos de liberalización y privatización de bienes públicos, entre otros muchos aspectos.
Sobra decir que en la actualidad, en la provincia y región, no muchos observan con pasmo el lanzamiento a la competencia electoral (y otros tienen entre sus planes el presentarse) representantes de los distintos partidos políticos del conglomerado concertacionista (PRSD, PPD, PS, DC) – ex gobernadores y ex directores de corporaciones municipales, actuales alcaldes, presidentes de partido, entre otros -, cuya labor (como representantes públicos) al frente de la administración y gestión de la (irresponsable por lo errática) ortodoxia política con énfasis en el mercado, fue al menos celebrada. Personajes que, sin ningún tipo de pudor ni de consideraciones, en base a un pensamiento egoísta y personalista (o autocomplaciente) siguen “vendiéndole humo” a una gran masa de electores ignorantes. Como si aquí no hubiese o no pasase nada, o lo que los expertos denominan como hacer “tabla rasa”: hacer borrón y cuenta nueva.

¿Presos de nuestra propia trampa o debilidades políticas?

Con estas claves sobre la mesa, la conclusión principal es que poco o escaso margen de acción queda a este colectivo de estudiantes y sus familias si se piensa en buscar soluciones desde las políticas públicas – las leyes y normas escritas - vigentes y reguladoras de este maleado sistema, a un problema de tipo “social-colectivo”. Bastaría con centrase en la suma de los factores concurrentes en el caso en cuestión, para saber de los considerandos en el resultado político de la medida: el cierre de una sede se ajusta plenamente a las reglas del juego institucional, a la legitimidad normativa y reglamentaria actual.
Alguien con nociones básicas de economía entenderá que si en este negocio de la educación, la institución (o empresa) no tiene matrícula (o no tiene demanda), por defecto, no se dará la prestación del servicio. No se dará la acción comercial – la venta del servicio -, pues no resulta económicamente rentable: recuerden, “el mercado” no tiene sentimientos ni emociones pues todo gira alrededor de cálculos en base a tasas de pérdida y tasas de ganancia: usted y yo somos simplemente números o una "mercancía" tranzada en el mercado. Ahora bien, con toda probabilidad este tipo de eventos no figuran en los contratos de prestación de servicios, pero están en el espíritu y muy dentro de nuestra leyes y normativas al uso. Menciono, por ejemplificar, algunos ejemplos ilustres de reciente data: la crisis de la empresa salmonera en nuestra región y el cierre de las factorías o el caso de la empresa Mulpulmo, en Osorno.
Finalmente, los principales y únicos perjudicados son siempre los trabajadores y ciudadanos al estar en una evidente posición de desventaja ante los controladores del poder. J.S. Montes (ex intendente de la región de Los Lagos), que venía de la industria salmonera en crisis terminó ocupando el cargo de Intendente; por su parte, Bayer (ex-ministro de educación) se va de director del CEP. Ambos dos, con sendos "sueldazos".

¿Hay salida o la luz al final del túnel?

Para este problema u otro de naturaleza semejante (perjuicio sobre nuestros intereses) – por ejemplo, la educación municipalizada – el antídoto sería buscar maneras de alterar el orden o equilibrio en los factores articuladores en este sistema o modelo político hegemónico al cual de manera consciente muchos han apoyado: como si vivieran en el Edén o en el mundo feliz!
Los expertos – los politólogos, sociólogos, cientistas políticos de mayor agudeza crítica – hablan de la vía de la movilización social y contestación política, ajena a intereses corporativistas y por fuera de los límites trazados por las instituciones, los gobernantes y la clase política de turno (de todos los colores y banderas, por muy de izquierdas que digan ser de cara a la galería). Sobre todo, por la existencia de intereses cruzados en coaliciones y fuertemente arraigados tras el poder y el control sobre los recursos con una capacidad asombrosa en la abducción de cualquier mente débil.
La tarea inmediata de los movimientos (estudiantil-social) consiste en alcanzar una plena autonomía e independencia, la capacidad de convocatoria, la mejora en la capacidad de dialogo y la apertura de espacios de encuentro amplio – donde no tenga cabida ni la segmentación ni la parcialización de la realidad y sus problemas bajo una mirada estrecha o reduccionista –, el acortar distancias y posiciones según la extensión de lazos de confianza y la cooperación social permanente.
En apariencia parece ser una de las pocas fórmulas razonables para avanzar en la modelación de nuevos y renovados aprendizajes y capacidades sociales, rompiendo las fronteras del modelo actual de pensamiento y de acción centrado en la ideología del mercado. De hacerse este trabajo bien, mediante la construcciónde elaboradas y novedosas estrategias políticas y de acciones colectivas permanentes, se podrá ejercer un mayor control e influencia en este juego político de la toma de decisiones en las instituciones y los grupos con intereses particularistas.



Miguel Arismendi G.

Profesor universitario

sábado, 18 de mayo de 2013

Elecciones 2013: los “trabajadores pobres” y los “pobres” son la llave con la cual los grupos de poder y de interés (clase política y la elite económica) abren las puertas del cielo, del gobierno económico y político del país ¿Hasta cuándo o qué límites admite este vicio privado-público?



"La multitud obedece más a la necesidad que a la razón, y a los castigos más que al honor".
(Aristóteles)

¿Quiénes o qué actores (o votantes medios) resultan decisivos para ganar elecciones (presidenciales, parlamentarias o municipales) en el orden o estructura política y económica del Chile actual: del libre mercado, del salvajismo surgido de las fauces de la competencia y del individualismo extremo puesto como valores centrales en nuestras vidas, de la sociedad dual o segmentada, de la sociedad de los ganadores y de los perdedores, etc.?

En primer lugar, los pobres o los trabajadores pobres o los sectores de menores ingresos en el Chile de hoy (en la literatura especializada se les asigna el nombre de “sectores populares”): traslado esto al lenguaje de la estratificación social, del cuarto quintil hacia abajo. Dicho de otra forma, de los $ 300.000 a los $ 0 en la escala de los ingresos monetarios.

En segundo lugar, las mujeres: éstas representan una fuerza electoral importante, pues alcanzan a más del 50% del universo electoral chileno. En una gran mayoría son creyentes o profesan algún tipo de creencia religiosa, la fórmula ideal del centrismo político o de la ley de los equilibrios político-partidistas (no a la que huela a “izquierdas”, pero sí al perfume del centro y la derecha).

Bien, el caso es que lo sintéticamente expuesto arriba es “caldo de cultivo” para los partidos políticos del poder y del político ansioso de fama y dinero: pues en los tiempos que corren resulta extremadamente difícil hablar de lucha por ideales o simplemente jugársela por principios político-ideológicos, visto lo visto. El verdadero trabajo reside en movilizarse a la caza y captura de ese voto o a esos votantes modélicos (los actores del “Chile profundo” o a los que algunos historiadores han llamado de manera folklórica, y con una connotación clasista, “el roto chileno”), condición necesaria y suficiente para llegar a la cima del poder político y económico en Chile: el gobierno y la estructura gubernamental.

La caza y captura se lleva a cabo con un arma infalible, las promesas de BONOS Y SUBSIDIOS BASURA, SUBSIDIOS ENFOCADOS A “ENTRETENER A LOS POBRES” Y NO A MOVILIZARNOS DE MANERA EFECTIVA PARA AVANZAR EN LA ESCALA SOCIAL. Si usted no lo sabe, estos maquiavélicos instrumentos redistributivos nacen a la vida pública a finales de la época de la dictadura y se perfeccionan para transformarse en lo que son hoy en día: el EJE ESTRUCTURAL DE LAS POLÍTICAS SOCIALES DE MERCADO O PRIVATIZADORAS. Motivo más que suficiente para que los anuncios-señales o discursos políticos de las autoridades vayan y vengan en esta única dirección. La dirección tiene como punto de llegada “la subasta en el mercado de lo público de recursos, bienes y servicios sociales”. Estrategia política enfocada a poner en competencia y en confrontación (tensión y conflicto) a parte no menor de nuestra población nacional, regional y local, los trabajadores pobres y las clases sociales de menores ingresos, a fin de obtener medios de vida destinados a la subsistencia diaria.

Los políticos profesionales saben de las duras condiciones de vida en estos quintiles, donde se concentra más del 60% de la población chilena, personas hambrientas de circo y de pan. Éstos, los políticos (re)productores de la cultura del clientelismo y del caciquismo más extremo se aprendieron el guion con las máximas calificaciones durante los últimos treinta años, ni tontos ni perezosos prometen demagógica y populistamente inyectar más BONOS Y SUBSIDIOS DEL ESTADO a como dé lugar y al gusto del cliente-receptor. Sobretodo, si sometidos a las presiones de la idea de las “necesidades insatisfechas” este tipo de instrumentos de la política y programas sociales son la señas de identidad del vínculo de la dependencia y servidumbre de la clase trabajadora y la clase pobre con los partidos políticos: la aplicación práctica: la aplicación práctica, a todos los efectos de un “Bono, millones de Votos”.

En la práctica, no resulta muy complejo ni de una inteligencia superior atrapar con “los cantos de la sirena” a este populoso segmento de la población: bastaría con tener cursado el 8º básico de enseñanza primaria. Más aún, cuando los datos provenientes de la economía real nos alertan de que en Chile las familias comunes y silvestres están sobreendeudadas (o viven por sobre sus posibilidades), subsisten prácticamente al día, las frágiles y/o enclenques economías familiares no admiten capacidad de ahorro, los trabajadores están traumados producto de la amenaza constante del despido a manos de los empleadores, las personas se han vuelto adictos al consumo a golpe de tarjetas de crédito y a los programas-basura que emiten los medios de comunicación nacional y extranjeros, y un largo etcétera. En suma, el voto o las elecciones tiene rostro de NECESIDAD y de INMEDIATISMO: del dinero por sobre la discusión de ideas y de la regeneración política e institucional, del debate de proyectos país o de futuro o destino de todos ciudadanos!

A partir de aquí bien podríamos explicar, con economía del argumento, el tremendo éxito de los políticos de la socialdemocracia (concertacionistas convencidos de varita mágica de la ideología de la tercera vía, y de las corrientes conservadoras y liberales dominantes en este conglomerado de intereses) y de la derecha económica asociada históricamente al poder, al dinero y a la toma de decisiones. A tod@s aquell@s enfocados a la acumulación de poder y el enriquecimiento ilícito (pero legal, valga la paradoja) a lo largo de estos últimos treinta años sirviéndose del Estado y de los cargos públicos, prometiendo e incumpliendo falsas promesas de "desarrollo social", de situarnos en la posición de un “país desarrollado”.

Lo anterior queda bien ilustrado con el siguiente ejemplo: hoy en día casi en igualdad hay trabajador@s ambulantes y temporer@s (l@s del subempleo, l@s que le venden sopaipillas y todo tipo de alimento, ropa y baratijas en las calles céntricas de nuestras ciudades, los trabajador@s del mercado informal a los cuales el FOSIS, el SENCE, INDAP o el SERCOTEC llama EMPRENDEDORES O AUTOGESTORES O MICROEMPRESARIOS O DEL AUTOEMPLEO), que trabajador@s con empleos formales - de los empleos precarios y de mierda, con condiciones laborales de mínimos -. Todo ello, por cierto, la clase trabajadora y pobre se lo debe agradecer a las exitosas políticas de flexibilidad laboral y de la pérdida (o venta a los empresarios) gradual de derechos laborales – y la destrucción de las bases del sindicalismo auténtico, el de las INTERNACIONALES - impulsadas por nuestros políticos de turno: de la izquierda, centro y derecha. Aquellos que por situarse en la izquierda del arco político se autodefinen de “progres”, los centristas y la liberal y conservadora derecha económica y política.

De ahí entonces, la gran lucha por lograr un cupo y acceder en 2014 a un cargo de poder político y económico. En el lenguaje político moderno lo decoran con el nombre de “cargo de representación ciudadana”, deformando en forma artera la verdad dictada por los hechos y/o circunstancias del diario vivir.

La lucha o pugna por un cupo a un cargo de gobierno y de gobernar experimentada hoy en día por los políticos profesionales – el primer paso es librar la batalla dentro de su tienda político partidista, en la lógica del “todo vale” -, nos aporta buenas pistas para comprender qué está ocurriendo con el poder y los intereses privados puestos en juego. Además, y por añadidura, habla a las claras de la enfermedad o “corrupción” irreversible por lo profundo de los efectos en el sistema político-partidista del duopolio en Chile. Cuestión que, sin duda alguna, conlleva efectos perversos e insospechados para la gran mayoría de los ciudadan@s, como si de un cáncer se tratara. Ciertamente, éstos son las principales víctimas.

Nuestra región no escapa a uno de los tantos escándalos de la realpolitik (o política de la realidad en alemán), fenómeno político cada vez más recurrente que debido a la maniquea transformación se le representa como un evento de tipo natural o propio de esta actividad entre la opinión pública. Esto, a causa del amplio dominio comunicacional ejercido por la elite política sumado al extendido control de recursos del poder. Tan natural y real que esta "dura y cruda” negación de los principios de la auténtica política se puede seguir a diario - a modo de telenovela mexicana – gracias al auspicio de los medios de (des)comunicación de alcance local y nacional. Solo restaría decir: UNA AUTÉNTICA VERGUENZA Y UN COMPLETO DESCARO, POR CIERTO".

Al igual como lo hizo Ulises ante el canto de las sirenas, en la Odisea, sugiero taparse los oídos con cera para no caer en la trampa de los hechizos de este mal juego de los partidos políticos hegemónicos pues a nada bueno conducen en el buen entendido del “bien social-colectivo”.

No les digo más, saquen propias conclusiones.

Lo dicho.

Miguel Arismendi G.
Editor de, "creando opinión, formando crítica"
Profesor universitario

domingo, 21 de abril de 2013


Ignacio Ramonet: "Ha llegado la hora de reinventar la política y el mundo."
Ignacio Ramonet (Redondela, 1943), ex director de la edición francesa de “Le Monde Diplomatique”, es uno de los pensadores más lúcidos de los últimos tiempos. Instalado en París desde 1972, sociólogo y semiólogo, especialista en geopolítica, profesor de Teoría de la Comunicación, sagaz periodista, su forma de mirar e interpretar la modernidad y, por extensión, la globalización, hace de sus ideas un punto de inflexión necesario contra el pensamiento dominante.
Hemos creído valioso acercarle a este pensador, pues aporta importantes pistas de cómo enfrentar la actualidad política, la crisis del neoliberalismo y los emergentes movimientos sociales-ciudadanistas, el mundo capitalista y el porvenir.

Renacimiento y/o florecimiento, los movimientos de protesta ciudadana.

Según Ramonet, desde que estalló la actual crisis financiero-económica, en 2008, estamos asistiendo a una multiplicación de los movimientos de protesta ciudadana. Cita, a modo de ejemplo, el caso de Europa: los países más afectados con las últimas crisis económico-financieras (Irlanda, Grecia, Portugal, España), los ciudadanos –cívicamente– apostaron por apoyar, con sus votos, pensando que aportarían un cambio de política tendiente a menos austeridad y menos ajuste fiscal. Pero cuando todos estos países cambiaron de Gobierno, pasando de la izquierda o centro-izquierda a la derecha o centro-derecha, la estupefacción fue completa, ya que los nuevos Gobiernos conservadores radicalizaron aún más las políticas restrictivas y exigieron más sacrificios, más sangre y más lagrimas a los ciudadanos.
Ahí es cuando empiezan las protestas. Sobre todo porque los ciudadanos tienen ante sus ojos los ejemplos de dos protestas con éxito: la del pueblo unido en Islandia y la de los contestatarios que tumban las dictaduras en Túnez y Egipto. Además, destaca el hecho de que las “redes sociales” están facilitando formas de la organización espontánea de las masas sin necesidad de líder, de organización política, ni de programa. Todo está listo entonces para que surjan, en mayo de 2011, los indignados españoles, y que su ejemplo se imite de un modo u otro en toda la Europa del sur.
Para éste, los partidos políticos de la izquierda tradicional han quedado al margen o descentrados de los movimientos ciudadanos y contestatarios. En lo fundamental, porque lo que los medios califican de "partidos políticos de la izquierda" tienen, en opinión de esos movimientos y de las mayorías exasperadas, muy poco de “izquierda” o de “progresistas”. No hay que olvidar, además, que estos partidos están comprometidos con esta misma política conservadora que ellos fueron los primeros en aplicar, sin anestesia. En algunos casos, han sido éstos quienes han aplicado brutales planes de ajuste ultraliberales. Algo exactamente contrario del ADN del socialismo histórico.
Ramonet cree que los movimientos sociales-ciudadanos actuales son el reflejo del derrumbe general de todas las instituciones – Justicia, Gobierno, Oposición, Iglesia, etc. -, planteando exigencias de darle una vuelta a la política, de manera innovadora y creativa. Se podría decir que los movimientos de protesta son una buena noticia ya que demuestran que las sociedades europeas – y en el mundo en general -, en particular la juventud tan castigada por la crisis social del presente y del futuro, está expresando su descontento general hacia la situación que se está viviendo y hacia el tipo de solución neoliberal que los Gobiernos y los organismos internacionales están aplicando contra los problemas y demandas sociales emergentes: Unión Europea, Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, etc. Es más, y curiosamente, la juventud y los movimientos se expresan de una manera pacífica, no violenta, inspirándose en varios movimientos generales.

Movimientos sociales y políticos actuales, ir más allá de los partidos políticos tradicionales de la izquierda.

Para Ramonet, los ciudadanos en general no saben hacer política sin partidos políticos. Lo que reclaman los contestatarios, los indignados en casi toda Europa del sur, es cambiar las reglas del juego: desmontar el truco. Nuevas reglas supondrían, por ejemplo, una nueva Constitución como reclama un número cada vez mayor de ciudadanos en los distintos países donde se suceden las protestas y movilizaciones ciudadanas. Una Constitución que dé más poder a los ciudadanos, que garantice más justicia social y que sancione a los responsables del actual orden de cosas o problemas sociales y políticos. Unos problemas que no pueden sorprender a nadie. El escándalo económico derivado de un mal y fraudulento manejo de la economía era sabido por todos en los países donde estalló la crisis financiera. Igual que el exceso de liquidez orientado a la especulación, y la explosión delirante de los precios de la vivienda. Nadie se inmutaba, porque el crimen beneficiaba a muchos. Y se siguió afirmando que la empresa privada y el mercado lo arreglaban todo. En la historia larga de la economía, el Estado ha sido siempre un actor central. Solo desde hace treinta años –o sea, nada en una historia de siglos–, el mercado ha querido expulsar al Estado del campo de la economía. Hay que volver al sentido común, a un keynesianismo razonable: tanto Estado como sea necesario y tanto mercado como sea indispensable. La prueba evidente del fracaso del sistema neoliberal actual son los ajustes y rescates que demuestran que los mercados no son capaces de regularse por sí mismos. Se han autodestruido por su propia voracidad. Además, se confirma una ley del cinismo neoliberal: se privatizan los beneficios pero se socializan las pérdidas. Se hace ahora pagar a los pobres las excentricidades irracionales de los banqueros, y se les amenaza, en caso de que se nieguen a pagar, ¡con empobrecerlos aún más! ¿Se producirá un incendio social? No es imposible. Las repercusiones sociales del cataclismo económico son de una brutalidad inédita: 23 millones de parados en la Unión Europea y más de 80 millones de pobres. Los jóvenes aparecen como las víctimas principales. Por eso, de Madrid a Londres y Atenas, de Nicosia a Roma, una ola de indignación levanta a la juventud. Añádase, además, que en la actualidad, las clases medias también están asustadas porque el modelo neoliberal de crecimiento las está abandonando al borde del camino. En España, una parte se unió a los jóvenes para rechazar el integrismo ultraliberal de la Unión Europea y del Gobierno. “No nos representan”, dijeron todos los indignados.

Globalización y la desglobalización, la decadencia de la socialdemocracia.

Por otra parte, agrega Ramonet, el curso de la globalización parece como suspendido. Se habla cada vez más de desglobalización, de descrecimiento. El péndulo había ido demasiado lejos en la dirección neoliberal y ahora podría ir en la dirección contraria. Para éste, ha llegado la hora de reinventar la política y el mundo. La reinvención de la política pasa irremediablemente por la superación de los planteamientos de la socialdemocracia tradicional, producto de su abandono del campo de batalla.
La socialdemocracia ha fracasado porque ella misma ha participado en la liquidación del Estado de bienestar (el de las políticas sociales de ciudadanía, basadas en derechos inalienables), que era su principal conquista y su gran seña de identidad. De ahí el desarraigo de muchos ciudadanos que pasan de la política absteniéndose, limitándose a protestar o votando por Beppe Grillo en el caso de las últimas elecciones presidenciales en Italia (que es una manera de preferir un payaso auténtico en lugar de sus hipócritas copias). Otros han decidido votar a la extrema derecha, que sube espectacularmente en todas partes, o en menor grado, optar por la izquierda de la izquierda que encarna hoy el único discurso progresista audible. Así estaban también en América Latina hace poco más de un decenio, cuando las protestas derrocaban Gobiernos democráticamente elegidos (en Argentina, Bolivia, Ecuador, Perú...), que aplicaban con saña los ajustes dictados por el FMI. Hasta que los movimientos sociales de protesta convergieron con una generación de nuevos líderes políticos (Chávez, Morales, Correa, Kirchner, Lula, Lugo...) que canalizaron la poderosa energía transformadora y la condujeron a votar en las urnas programas de refundación política (constituyente), de reconquista económica (nacionalizaciones, keynesianismo) y de regeneración social. En ese sentido, se observa cómo a una Europa desorientada y grogui, América Latina le está indicando el camino.

Miguel Arismendi G.
Profesor universitario

jueves, 18 de abril de 2013

¿Ha ganado acaso la élite del oligopolio bipartidista campante y gobernante de este país – partidos políticos de gobierno versus partidos políticos del arco opositor – con la destitución del ya exministro de educación Bayer ocurrido el día 17/04/2013? ¿Qué se oculta tras el velo de esta medida o acción política-institucional?



Desde mi perspectiva analítica, los datos del show político y mediático organizado hábilmente mediante el proceso de destitución del ex-ministro dan buena cuenta del triunfo total y absoluto del establisment bipartidista que controla los destinos de Chile. El hecho representa la expresión más clara de cómo se intercambian los trofeos de guerra en la dictadura del bipartidismo, entre la derecha y el arco de partidos de la (des)concertación: Provoste por Bayer, sin más.

El caso es que ambas fuerzas políticas – de cara a las elecciones de noviembre de 2013 – han hecho tablas o están en un empate técnico, han logrado el punto de equilibrio necesario para resituar la lucha por el poder entre dos únicas fuerzas. La jugada o golpe político dado sobre la mesa podemos entenderlo en clave de operación de marketing político («panem et circenses», literalmente «pan y circo» para el pueblo) , dirigida al potencial electorado que simpatiza y se moviliza en torno a un asunto a día de hoy puesto al centro de las preocupaciones de miles de chilen@s. A partir de aquí o de este hecho, ambos conglomerados intentan dejar bien establecido entre la opinión pública y/o potenciales votantes el mensaje de cuáles son las dos únicas posibilidades de gobierno en este país. Es más, uno más que otro – la tendencia bacheletista - puede llagar directamente al poder montado en esta gran polémica democrática.

Sin embargo, en medio de toda esta tormenta política los estudiantes movilizados, los padres y apoderados críticos con el actual modelo de educación de mercado (o del lucro y del enriquecimiento inmoral) son los menos ganadores con el simbólico triunfo conseguido en esta pequeña o minimalista batalla llevaba a cabo en el parlamento. Por ilustrarlo de alguna manera: Bayer tiene el presente y futuro asegurado, muy por el contrario a esos miles y miles de chilenos que están muy dentro de un sistema educativo basado en los principios del mercado (individualismo+competitividad irracional). De hecho, al sistema le sale más barato – de cara al gran público consumidor de estas malas políticas - hacer rodar la cabeza de Bayer que la de una gran parte de instituciones educativas creadas con el único fin de hacer dinero fácil y rápido con el dinero de nosotros, los contribuyentes del Estado de Chile.

¿Por qué? Lo primero es decir que a pesar de las aparentes contraposiciones ideológicas entre ambos conglomerados ejes del bipartidismo, tienen grandes semejanzas en sus proyectos políticos-institucionales. Proyectos de estos partidos políticos que se traslucen en los intereses privados en juego, en esta y otras materias de interés público o estrechamente asociadas a los bienes públicos.
Ahora bien, si de verdad los partidos políticos centristas o de oposición, y sus representantes en el parlamento y fuera de éste – alcaldes, concejales, presidentes de partidos, representantes en los CORES regionales, etc. - estuvieran efectivamente comprometidos y convencidos de la necesidad de la introducción de cambios reales y efectivos en el orden de los factores en materia de educación, la investigación y sometimiento a juicio sumario del lucro y el enriquecimiento indebido debería haberse hecho extensiva a "todo el sistema". Antes, y no como se ha hecho ahora mediante esta toma de decisión y resolución parlamentaria. Decisión enfocada hacia el aislamiento o atomización de un problema perfectamente extensible y observable en todo el sistema, después de cometido un fraude y cuando el edificio o las evidencias caían por propio peso. El perjuicio o daño a la sociedad, por cierto, no solo es cosa de una de sus partes si no de todo un conjunto.

Como se sabe, el modelo de educación en Chile viene de años arrastrando una grave y sangrante crisis tapada con los paños fríos de la élite económica y la clase política: a punta de bonos, subsidios, nuevas leyes y regulaciones “trampas”, incentivos de todo tipo a gusto del “cliente-consumidor”. Pero poco o nada se ha debatido (y consumado en medidas políticas efectivas) sobre las graves consecuencias o efectos perversos que en el mediano plazo – falta de regulación y vigilancia público-estatal, sobre stock de profesionales y de “mano de obra barata”, libertinaje en la oferta y entrega de servicios educativos, flexibilidad laboral, pérdida de derechos sociales, distribución del ingreso, etc. -, acarreará este irracional modelo de políticas sobre los legítimos intereses de los estudiantes, las familias y la sociedad en su conjunto. Nuestro presente y futuro está plagado de riesgos e incertidumbres, más aun viviendo en el gran casino de la sociedad del “libre mercado”.

Dejo planteada la siguiente interrogante: ¿Qué tipo de sociedad estamos construyendo o nos construye este monopolio bipartidista? La sociedad de los ricos, la sociedad del “fraude”, la “del todo vale”, la del 1% que lo tiene todo y la del 99% que nos dividimos-peleamos-luchamos y competimos por todo.

En síntesis, la medida política tomada por el Senado ayer miércoles 17/04/2013 está camuflada de un oportunismo y ventajismo descarado con la única intencionalidad de recuperar de forma populista y demagógica el apoyo social (y de la opinión pública). Apoyo puesto en la cuerda de la "duda" ante la desconfianza que la mayoría de la clase política despierta en general en el electorado.

Miguel Arismendi G.
Profesor universitario

sábado, 30 de marzo de 2013

Asociacionismo hoy en Chile: problemas y desafíos frente a los cambios sociales.



“Quienes dicen ‘dejémonos de utopías, bajemos a la realidad’ nunca mejorarán la realidad y ni siquiera llegarán a conocerla. Quienes dicen que el pesimismo es el optimismo inteligente son muy poco inteligentes; nunca mejorarán la educación pero, eso sí, verán refrendada su profecía que fatalmente se cumple, que las cosas están mal y continuarán peor”. 
MARCO MARCHIONI




Una sociedad vertebrada, organizada, cooperativa y participativa en el Chile de hoy - la recomposición del tejido y las fuerzas sociales asociativas de la sociedad civil - es una aspiración y una urgente necesidad para todas aquellas personas que sueñan con una sociedad cada vez más desarrollada, más justa, menos desigualitaria y más democrática.
Esta aspiración y urgente necesidad, si analizamos detenida y objetivamente la realidad o hábitat que nos rodea, en la actualidad se estrella frontalmente con una serie de datos conseguidos de la realidad – crisis de divisionismo y fragmentación intra e inter clases sociales - y fenómenos sociales – clientelismo político, asistencialismo institucional, subordinación y servidumbre a los partidos políticos tradicionales y políticos profesionales - que las ponen en entredicho y que las pueden vaciar del contenido progresista que encierran. Reconocer estos hechos objetivos es fundamental, para no morir en el intento.

A la hora de plantearse las posibles vías para hacer real esta aspiración puesta en la mente, consciencia y el discurso político de muchos de los ciudadanos interesados en el bien común, y para que no se convierta en una utopía vacía, conviene poner el foco en al menos las siguientes cuestiones: a) los cambios sociales y sociológicos generados en las últimas cuatro décadas a causa de los grandes acuerdos (o pactos) institucionales en Chile, basados en los principios o dogmas del mercado de alcance general (en todas y cada una de las esferas de nuestra vida), y sus consecuencias en las personas; b) la enseñanza obtenida de las buenas y malas experiencias pasadas en campo del asociacionismo y de las movilizaciones sociales contestatarias cuestionando el modelo neoliberal de desarrollo, y c) los aspectos sociopolíticos que hay que tener en cuenta para avanzar hacia “mejores formas de asociacionismo o movimientismo social”, como hecho social legítimo e impostergable.
Con estos tres elementos en mente al menos, hemos de reconocer que el mundo – nuestros espacios vitales o de sociabilidad - que nos rodea ha cambiado profundamente en los últimos tiempos y seguirá cambiando con una rapidez desconocida en la historia de la humanidad. Lo que no está del todo claro, en el caso de nuestro país y sociedades locales, son las consecuencias humanas y sociopolíticas de mantenerse o aumentar los niveles actuales de “desigualdad estructural”. La “desigualdad”, por sobre la “pobreza” (que es lo que nos hacen creer las instituciones oficiales, la clase política y las elites económicas), se ha convertido en la verdadera "espada de Damocles" en la organización de las sociedades capitalistas, como es el caso del Chile del presente. Y, si los costos de este fenómeno lo seguirán pagando parte no menor de la clase media, la clase trabajadora y pobre del país.
Algunos de los cambios que mayormente están influyendo en nuestras vidas, y que van a condicionar el próximo futuro de nuestras vidas por tratarse de factores determinantes en la organización de nuestra sociedad, a saber: i) las profundas transformaciones que se han dado en las relaciones y derechos laborales (el trabajo y el empleo en una “carrera descendente” – race to the bottom -, ilustrado en las políticas públicas de flexibilidad y precariedad del empleo y los ingresos) a causa de la revolución del capital financiero y monetario internacional y las aplicaciones intensivas de las nuevas tecnologías, ii) los cambios demográficos con un creciente envejecimiento de la población debido, en gran medida, a la prolongación de la esperanza de vida: Según el Instituto Nacional de Estadística (2008), se estima que hacia el 2025, en Chile habría 1 adulto mayor por cada menor de 15 años y, hacia el 2050 habría 1,7 adultos mayores por cada menor de 15, y iii) la incorporación creciente e innegable de la mujer a todos los aspectos de la vida pública, lo cual acarrea profundas y sentidas consecuencias en la estructura familiar: la familia tradicional, a voz de los expertos, “ha pasado a mejor vida”.
El problema de mayor calado al cual se enfrenta en desigualdad de condiciones la aspiración de una “mejor vida”, o mejor bienestar social o simplemente “buena vida”, tiene que ver con la falta de preparación, tanto a nivel individual como colectivo y comunitario, y de estructuras sociales y políticas obsoletas, cuando no directamente superadas por las nuevas necesidades y riesgos enfrentados por la población. Como la propia realidad se ha encargado de demostrar, las instituciones y los responsables de las grandes decisiones poco o nada han hecho en prevención de estos problemas. Muy por el contrario, se han hecho crónicos con el tiempo: escándalos de corrupción política e institucional, polarización de los conflictos étnicos, sobre-endeudamiento de las familias, degradación progresiva del sistema público y de protección social, subordinación de las relaciones sociales a las "leyes de la selva" (o del mercado), etc.
Prueba material de ello, es el incremento incesante de la dicotomización o segmentación social en Chile (otros estudiosos prefieren hablar de “sociedad dual” o “sociedad de los tres tercios”, “sociedad de los ganadores y los perdedores”, etc.). La latencia de este fenómeno social deja bien establecido que un sector “creciente” de la población parece no tener los medios o recursos (de todo tipo) necesarios para “competir” en paridad de condiciones en un contexto donde al mercado se le ha permitido el ejercicio pleno y el dominio absoluto. Así, por ejemplo, el diseño de las políticas sociales selectivas para población pobre y vulnerable responde a criterios de eficiencia, productividad y de protección del mercado, o las políticas educativas cuyo marco ideológico define los fundamentos de la segmentación social y profundización de las desigualdades estructurales en Chile.
¿Qué nos toca hacer, a la sociedad civil en este contexto? ¿Qué papel ha de jugar en este juego?
El margen de maniobra de la sociedad civil para cambiar el signo de las cosas parece ser poco o escaso – anulada, ahogada o profundamente reducido -, después de décadas de exposición a la incontestable hegemonía política y económica del modelo de democracia-neoliberal (1990 a la fecha). Un modelo muy bien administrado y gestionado por los gobernantes de turno, la clase política y las elites tenedoras del poder.
En general creo, que se puede afirmar que la agenda y dinámica institucional y política actual (de políticos y políticas) fuerza inconscientemente a las personas a buscar soluciones a las condiciones problemáticas en las que vive con esfuerzos y medios personales más que colectivos u organizadamente junto a otros: individualmente y no por fuera o ajena a la influencia de la esfera de poder, del control de los partidos políticos tradicionales o del músculo del bipartidismo.
Una parte nada despreciable de este hecho objetivo es atribuible a que a las necesidades que nos aprietan se les une el hecho de habernos vuelto más individualistas, egoístas y desconfiados de los otros, de todo aquello que nos rodea (instituciones, asociaciones, grupos y personas); mientras que la otra parte, podemos atribuírsela a que la gran mayoría no ve en las organizaciones y en la afiliación social una referencia clara para la resolución de sus problemas y, por lo tanto, se refugia en el llamado individualismo corporativo o cae en el juego de los políticos profesionales o los partidos políticos de turno: aquellos con el control y manejo de los recursos públicos obligando o coaccionando a la gente a tomar esta única vía.
Tampoco es menos cierto que día a día se registra un número mayor de afiliaciones a algún grupo u asociación local con intereses y motivaciones compartidas, pero donde “la acción” queda reducida (o atrapada) a propios o particulares fines y no a fines generales o colectivos basados en idénticas demandas y necesidades: por ejemplo, los llamados fondos de desarrollo vecinal en el nivel del gobierno municipal, que más que unificar y cohesionar posiciones desventajosas en los vecinos suponen mayor divisionismo producto de conflictos entre personas de una misma clase social derivados de la competencia por recursos públicos escasos, o los grupos políticos reivindicativos que por malas lecturas de la realidad y las circunstancias actúan de forma atomizada o aisladamente de los otros.
La tarea pendiente de la sociedad civil en los tiempos que corren, en el marco de un sistema democrático señaladamente “representativo” - la de “un hombre (o mujer) un voto” - consiste en el esfuerzo intelectual – de romper con nuestra miopía intelectual - a realizar por cada uno la búsqueda y puesta en acción de nuevas e imaginativas formas de convivencia, de cooperación, de ayuda mutua, de cohesión social, de participación política enfocada en la búsqueda de los intereses generales o colectivos sobre los particulares: la “mala y errática política en educación en Chile” no es sólo un problema mío, sino también tuyo y de los demás, del país por ejemplo.
Con la firme idea de buscar estrategias de acción, resulta imperativo comenzar por hacer una revisión crítica de conceptos como el de “gestión”, o “empoderamiento”, o “capital social”, entre otros, pues las políticas públicas y sociales han ajustado estos términos a la búsqueda de resultados dentro de la lógica de mercado de las instituciones, y no en la lógica social de la sociedad civil. Bajo esta perspectiva, las políticas sociales focalizadas o selectivas – transferencias y subsidios económicos a la pobreza y vulnerabilidad – han sido instrumentos de adoctrinamiento y de deformación en la arquitectura de las relaciones sociales tradicionales de los sectores populares pues, más allá de las intenciones de las personas, se han convertido en un elemento de presión y de clientelismo partidista, cuando no de pura sumisión al poder establecido: han traído consigo el aumento en la estratificación social de la población, forzó la vulnerabilidad de la clase trabajadora a los caprichos del mercado, y ha minado los incentivos de la sociedad civil para actuar colectivamente en favor de sus legítimos intereses. En efecto, frenó cualquier intento de desarrollo embrionario de capacidades de representación y peso político para obligar y/o exigir a las autoridades gubernamentales electas a dar respuesta a sus verdaderas necesidades e intereses de los ciudadanos. Dicho de otro modo, no ha habido un control social – desde la sociedad civil - de las políticas, programas sociales y subvenciones para que el dinero público fuera utilizado por las organizaciones en función de garantizar un uso socialmente correcto, con resultados satisfactorios en amplias capas de la población.
La organización social debe recuperar urgentemente la visibilidad social, ocupar los espacios políticos y posicionarse en cuanto a los aspectos reivindicativos, de lucha, de crítica y contestación social que los movimientos obreros y sociales tenían en sus orígenes cuando peleaban por la conquista de derechos sociales legítimos, negados por las clases ligadas a las decisiones económicas y políticas: derecho a la protección y seguridad social, derecho al trabajo y a la seguridad de los ingresos, derecho a la salud, etc.
La tarea de la necesaria construcción y convivencia sobre la base de una relación correcta en el campo de la política pasa por trazar líneas de comunicación y entendimiento entre partidos políticos y organizaciones sociales, por lo que el sociólogo francés Pierre Bourdieu tan bien expresó: los partidos y las instituciones tienen que abrirse a las reivindicaciones y propuestas de las organizaciones sociales para incorporarlas a sus programas y acciones políticas, sin intentar minar su autonomía e independencia.
En definitiva, la organización de la sociedad civil y su intervención en los procesos de decisión e influencia política exige lograr cotas importantes de libertad, de autonomía e independencia económica (o estar en parte importante librado de la lógica de las subvenciones y estímulos de las instituciones públicas). Además, pasa por un ejercicio profundo de democratización y evolución en nuestro propio pensamiento interno – abierto y flexible - en relación con el mundo asociativo para ejercer un papel positivo y educativo en la sociedad. De cualquier otra manera no estaremos en condiciones de dar cuenta efectiva y real, a la gente, de la necesidad de comprender y tomar conciencia de la realidad que la rodea, de influir y ser parte de las grandes decisiones públicas. A no ser presa fácil o víctima ingenua e inocente del clientelismo político, del asistencialismo institucional, del populismo, del dogmatismo o de visiones corporativas perjudiciales a los intereses colectivos y del bien común.
Puestos entonces en la tarea ineludible de consecución de visibilidad social y ocupar espacios junto a otros, la organización social debe recurrir a las ciencias, a los conocimientos existentes y a nuestro alcance, pues no sólo ayudarán a explicar el por qué de su realidad a la gente, sino además a buscar las potenciales y posibles soluciones.

sábado, 23 de marzo de 2013

Denuncia pública y ciudadana en el campo de la Educación: fraude a recursos públicos.


El documento audio-gráfico, al que puedes acceder en el siguiente enlace http://www.youtube.com/watch?v=BF723EQAs8Y fue elaborado en el mes de marzo de 2013, y tiene como única pretensión crear consciencia en la opinión pública sobre un asunto del más alto interés ciudadano: formas de explotar un Bien Público, General y Colectivo, la EDUCACIÓN, en contra de los intereses de las “comunidades educativas” (padres, madres, apoderados, estudiantes). Como la gran mayoría de chilenos y chilenas sabe, la política pública en educación y el sistema educacional chileno actualmente no pasa por su mejor momento. Ambos dos muestran evidentes signos de agotamiento (o hace aguas), y continúan siendo seria e intensamente cuestionados desde distintos ámbitos de la sociedad civil. Decir que después de dos décadas de funcionamiento del modelo de eficiencia económica en educación, éste no ha logrado capturar el consenso o el acuerdo ciudadano: son muchas las voces disidentes gatilladas por la pérdida de confianza, cuestión extremadamente grave en este tipo de sistema social. Y, a día de hoy, existe una importante masa crítica convencida de que somos los directos perjudicados en nuestros intereses colectivos, en los intereses de la sociedad en su conjunto: la lógica y reglas del diseño o modelo de la política pública en educación, por ejemplo, no han hecho más que crear las condiciones necesarias para el incremento y perpetuidad de las desigualdades estructurales en el Chile del siglo XXI, por muchos adornos que se le quieran poner. Cuando ello ocurre aumentan los niveles del riesgo social, la vulnerabilidad, la inseguridad y la incertidumbre.
Aporto es esta discusión un dato objetivo e irrefutable, en los años ´60 del siglo pasado, cuando la educación en Chile era mayoritariamente pública o estaba en manos del Estado (estatalizada y/o centralizada), los niveles de desigualdad eran de largo más bajos que en la actualidad.
Alguna de las razones válidas y útiles que pueden ayudarnos a explicar y comprender por qué ocurre este fenómeno social o sociológico en el Chile hoy, podrían hallarse, por ejemplo, en el caso bien retratado en el testimonio recogido en este video. Uno más de los pequeños detalles, o distorsiones incentivadas por este modelo educativo, agregados a otros muchos casos desenmascarados a día de hoy, a la vista y paciencia de tod@s nostor@s.

Miguel Arismendi G.
Profesor universitario

viernes, 22 de marzo de 2013

Seguimos en la caverna: "Las teorías económicas son simples religiones"


“La perfección a la que todos aspiramos nunca se alcanzará y esta es una noticia excelente: la historia no tiene fin; en tanto que mujeres y hombres habiten este planeta habrá lugar para los sueños, la utopía y la superación de uno mismo”. Así de rotundo, optimista, y crítico con las tesis del Fin de la Historia deFrancis Fukuyama, se muestra el economista francés René Passet. Uno de los intelectuales más relevantes en el ámbito francófono, cuyos paralelismos con Stéphane Hessel no solo son ideológicos o generacionales (en septiembre cumplirá 87 años), pues tienen más que ver con la influencia teórica sobre la población “indignada” que ambos han ejercido en los últimos años, principalmente desde el estallido de la crisis financiera.
Profesor emérito de la Universidad de la Sorbona y pionero del enfoque transdisciplinar en las ciencias económicas, Passet siempre se ha anticipado desde la trinchera académica a los shocks del que él llama “reduccionismo económico neoliberal”: como la crisis ecológica sobre la que transcendió su propuesta “bioeconómica”, o la reciente crisis financiera y de deuda, cuyo enquistamiento no puede superarse, dice, sin “un cambio de civilización basado en el interés general”.
Los economistas que advirtieron sobre la crisis que se nos venía encima sí existieron. Passet fue uno de ellos, y así lo hizo allí donde quisieron escucharlo, habitualmente en medios críticos y minoritarios como Le Monde Diplomatique, pero también en otros de masas como Le Monde.

 “El ‘mito de la caverna’ explica el dogma neoliberal”

Su última contribución científica es una voluminosa obra (más de 1.000 páginas) sobre la historia del pensamiento económico: Las grandes representaciones del mundo y la economía (Clave Intelectual). Una explicación del mundo desde sus orígenes, tal y como fue visto en cada época y civilización. Su conclusión, que aplica a los tiempos presentes, es que “la historia de las teorías económicas no es solo la historia de los progresos de la ciencia, es también una historia de la ceguera y los dogmatismos que han existido siempre, y siguen existiendo hoy en día”.Todas las teorías económicas quieren imponer su verdad, única y universal, sobre las demás
¿Cómo es posible que en la era de la llamada sociedad del conocimiento, iluminada por los avances científicos y la libre confrontación de ideas, insista en la predominancia de las ideas absolutas? Passet responde a El Confidencial comparando la forma actual de ver el mundo y las relaciones económicas con el mito de la caverna de Platón, una representación de la realidad, dice, “premeditadamente concebida para que las reglas del libre mercado nos parezcan puras y naturales”. Una tesis “avalada por los actores más pujantes del mercado para defender sus propios intereses, aunque en nombre del interés general, claro está”, ironiza el economista.

“Si una teoría no evoluciona se convierte en un acto de fe”

Passet no es de los que se andan con rodeos ni tampoco de lo que intenten suavizar sus críticas. A pesar de su determinación y de sus largos años de militancia (principalmente en ATTAC, organización que promueve la Tasa Tobin) no se casa ideológicamente con nadie. A estas alturas de su vida, su única aspiración es contribuir al avance de la ciencia mediante la confrontación ideas, siempre con una vocación utópica en el horizonte.
“Todas las teorías económicas quieren imponer su verdad, única y universal, sobre las demás. Por eso, las batallas ideológicas que mantenemos los economistas se parecen a las guerras entre religiones”, algo totalmente antagónico a la ciencia, matiza Passet. Esta última no pretende ser el adalid de la verdad, sino que se basa en la crítica constante; es decir, “en una actividad abierta, viva y en constante evolución: cualquier teoría tiene como fin superarse a sí misma”. Es por ello que Passet hace una llamada a la tolerancia y al diálogo para que la humanidad evolucione.
La falta de voluntad para superar las teorías económicas es, para el economista francés, el origen del dogmatismo ideológico en que según él estamos viviendo y, por ende, de que el liberalismo económico se asemeje al integrismo. “Justificar la crisis económica o las políticas de austeridad apelando constantemente a la exigencia de los mercados o a los movimientos de capitales, como si fuesen instancias divinas que rigen nuestros destinos, es una forma de mitificar sus acciones que nos devuelve a la Edad de las Cavernas”, lamenta Passet. Así, invita a superar fórmulas como las de “trabajo, familia y fe, que son las más detestables del pensamiento neoliberal, como las promovidas porGeorge Gilder”, el autor de Riqueza y pobreza, que influyó directamente en el programa económico deRonald Reagan.

Los obstáculos del desarrollo económico

Las políticas “cortoplacistas” que practican actualmente los gobiernos son la otra cara del misticismo que rodea al neoliberalismo y que impiden construir una sociedad más justa. “La lógica del largo plazo es la base de la evolución y el desarrollo. Desde mi punto de vista, nunca se podrá superar esta crisis si no se afrontan los problemas desde una perspectiva superior”, sentencia Passet. De hecho, en su día ya explicó, y vuelve a repetir, que era necesario afrontar teórica y políticamente la “mutación” de una sociedad industrial movida por las fuerzas motrices de la energía, a otra informacional movida por lo inmaterial. Nos referimos a los mercados financieros como si fuesen instancias divinas que rigen nuestros destinos
El último impedimento que juzga Passet como obstáculo para el desarrollo es que, “desafortunadamente, la realidad del mundo actual se basa en el juego de los intereses privados”. Citando a Rousseau, el francés explica que el “interés general no puede resultar de la suma de los intereses particulares porque esto quiere decir que nada se interpone entre los individuos y el sistema económico. Se cree que lo social no existe, que no es más que una construcción del espíritu”.
Por si todo esto fuese poco, insiste el francés, “se nos obliga a comportarnos como simples piezas de engranaje en el interior de un reloj”. Una lógica, continúa, que “nos lleva a hablar de individuos en lugar de personas. La diferencia es que los primeros no más que átomos de la sociedad, como la propia terminología griega de la palabra indica, mientras que los segundos son seres vivos, de carne y hueso, dotados de sentimientos”. En base a este razonamiento, concluye que el neoliberalismo es contrario al interés general y a la concepción del ser humano como una persona, pues “necesita ser una conjunción de átomos para seguir funcionando”, sentencia.

Entrevista publicada en el diario EL CONFIDENCIAL